Creció la generación solar en Entre Ríos, pero advierten que la falta de crédito pone un freno

Interés general07/09/2026
Manuela Canteros, fundadora de Cánara de Energías Renovables, contó que la provincia pasó de tres a 542 usuarios generadores en menos de tres años y sostiene que con financiamiento accesible el mercado podría “explotar”.

Las energías renovables en Argentina atraviesan una transformación que va mucho más allá de la construcción de grandes parques solares y eólicos. En los últimos años, el crecimiento de la generación distribuida comenzó a modificar la manera en que se piensa la producción de electricidad: empresas, industrias, comercios y usuarios residenciales pueden convertirse también en generadores y aportar energía a una red que durante décadas estuvo concebida alrededor de grandes centros de producción.

En Entre Ríos, esa transición adquirió una velocidad particularmente marcada. La provincia pasó de contar con apenas 3 usuarios generadores en diciembre de 2023 a 542 en julio de 2026, mientras su participación en la potencia de generación renovable distribuida a nivel nacional pasó del 0,8% al 12,8%, según los datos mencionados por Manuela Canteros, ingeniera industrial, consultora de energía solar y proyectos fotovoltaicos, fundadora e integrante de la comisión directiva de la Cámara de Energías Renovables de Entre Ríos (CERER).

Desde Chajarí, Canteros describe estos últimos tres años como un período de cambios profundos para el sector. “Veníamos con el Programa RenovAr, que estaba enfocado en grandes parques eólicos y fotovoltaicos, concentrando la producción. Era un modelo pensado en generar grandes cantidades y transportarlas por grandes distancias”, explicó a serindustria.com.ar. Ese esquema comenzó a convivir con otro, más descentralizado, en el que pequeñas instalaciones distribuidas por el territorio adquieren un papel cada vez más importante.

La lógica comenzó a cambiar cuando la generación distribuida apareció como una alternativa capaz de reducir la presión sobre las redes de transporte y distribución. En lugar de concentrar toda la producción en grandes instalaciones, el nuevo esquema permite que parte de la electricidad se genere cerca del lugar donde será consumida.

“Se fue viendo es que había soluciones más prácticas y mejores, que eran las microgeneraciones”, señaló Canteros.

Ese cambio también modifica el papel del sector privado. En el modelo de generación distribuida, una empresa que instala paneles solares no solamente busca reducir su propia factura eléctrica, también puede transformarse en un actor que inyecta energía a la red.

“El usuario también aparece como un inversor en la energía y no queda todo a cargo del Estado hacer grandes inversiones en parques, sino que podemos ir incorporando capital privado en pequeñas inversiones”, sostuvo.

El salto de Entre Ríos en generación distribuida

Los números de la provincia reflejan con claridad la magnitud del cambio. En diciembre de 2023, Argentina contaba con 1.593 usuarios generadores. De ese total, Entre Ríos tenía solamente tres, equivalentes al 0,2% del total nacional, y representaba el 0,8% de la potencia renovable asociada a estos usuarios.

Un año después, la provincia ya tenía aproximadamente 86 usuarios generadores, con una potencia de 2,4 MW. Ese volumen representaba el 3,8% de los usuarios generadores del país y el 4,1% de la potencia renovable distribuida.

Para diciembre de 2025, el salto había sido todavía mayor: 352 usuarios generadores, con una participación del 9,7% de la potencia.

En julio de 2026, la cifra llegó a 542 usuarios generadores, mientras Entre Ríos pasó a aportar el 12,8% de la potencia nacional de este segmento.

El crecimiento no se limita a una sola provincia. Canteros ubica a Córdoba, Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe entre los territorios donde la generación distribuida avanzó con mayor fuerza.

Una de las razones está en la propia evolución de la tecnología fotovoltaica. Durante mucho tiempo, la energía solar estuvo asociada principalmente a las regiones con mayor irradiación, como Cuyo o la Puna. La mejora en la eficiencia de los equipos y la reducción de los costos de instalación ampliaron el mapa de lugares donde la generación solar resulta viable.

“Como la tecnología avanza y cada vez captamos mejor la energía solar y bajan los precios, también nos damos cuenta que toda la franja central del país también es un buen recurso solar”, afirmó.

Pero en el caso de Entre Ríos hubo además un factor regulatorio decisivo.

La Ley Provincial 10.933, aprobada en 2021 y reglamentada en 2023, generó las condiciones para que los usuarios pudieran incorporarse formalmente al esquema. Para Canteros, buena parte del crecimiento se explica precisamente por la existencia de ese marco normativo.

“Había un montón de gente ahí esperando para poder invertir en energías renovables, porque no estaba todavía claro el marco regulatorio. Así que el crecimiento fue exponencial”, sostuvo.

La creación de la Cámara de Energías Renovables de Entre Ríos también acompañó ese proceso. La entidad terminó de formalizarse en noviembre de 2023 y busca funcionar como un espacio donde puedan confluir los distintos actores vinculados con la actividad.

De grandes parques a una red más distribuida

El avance de la generación distribuida es una respuesta para ampliar la oferta de electricidad sin generar nuevos cuellos de botella en las redes.

Canteros considera que el cambio de enfoque también alcanzó a las distribuidoras. En Entre Ríos, ENERSA ocupa un lugar central en la distribución y, según explicó, con el paso del tiempo se fue consolidando una mirada más favorable respecto de los sistemas de generación distribuida.

La razón es técnica y económica. La instalación de grandes parques no termina en la construcción del parque. La energía producida debe ser evacuada, transportada y distribuida hacia los lugares de consumo.

La alternativa es una red en la que una fábrica pueda producir parte de la electricidad que necesita en el mismo lugar donde la consume.

“Tengo una fábrica, estoy consumiendo 50 kW, puedo generar esos 50 kW y puedo intercambiarlos con la red porque ya sé que la infraestructura está preparada para eso”, planteó.

En ese esquema, la generación distribuida cumple una doble función. Reduce el consumo de energía desde grandes centros de generación y permite que el excedente pueda ingresar a la red.

Para Canteros, esa característica es particularmente relevante frente al crecimiento esperado de la demanda eléctrica.

“Lo mejor que puede suceder es que todos hagamos el aporte”, afirmó.

La estrategia también está empezando a expresarse en proyectos de menor escala impulsados por la propia distribuidora. Según explicó, ENERSA está desarrollando un programa de generación en distintos puntos de la provincia, con parques solares fotovoltaicos pequeños ubicados estratégicamente para aportar energía y contribuir a la estabilidad del sistema.

El crédito aparece como el principal freno

A pesar del crecimiento de la generación distribuida, la falta de financiamiento es una de las razones que pone techo al crecimiento de las renovables.

El diagnóstico es paradójico. La tecnología se volvió más competitiva, el retorno de la inversión se acortó y el interés de los usuarios aumentó, pero la capacidad de afrontar el desembolso inicial sigue siendo limitada.

“El último año hubo un parate importante con cualquiera que hables que tenga una empresa de energía renovable, te lo va a decir porque la actividad económica está un poco parada y no hay acceso a créditos”, afirmó.

La contradicción es que la demanda potencial existe.

Las empresas que consumen grandes cantidades de electricidad pueden encontrar en una instalación solar una forma de reducir costos a largo plazo. “El problema es que este monto inicial no todos pueden sacar de sus arcas esa cantidad de dinero para poder hacer la inversión”, señaló.

El interés alcanza a distintos sectores de la economía entrerriana como la producción avícola, la citricultura, la industria alimentaria, la de la madera, supermercados y pequeños comercios, especialmente aquellos con consumos elevados vinculados a cámaras de frío.

Canteros estima que actualmente el retorno de la inversión puede ubicarse en torno a cinco años, e incluso ser menor si se consideran futuros aumentos de las tarifas eléctricas. Después de ese período, la instalación puede continuar generando durante muchos años.

Por eso, el problema que observa no es de falta de interés ni de desconocimiento.

“A cualquiera que le pregunten que haya puesto paneles, le va a decir el ahorro que está teniendo. Pero tenemos ese limitante que es la falta de oferta de financiación”, resumió.

El incentivo fiscal que quedó pendiente

La discusión sobre el financiamiento se conecta con otra demanda del sector: la necesidad de contar con incentivos que acompañen la inversión privada.

Canteros considera que la falta de continuidad de los incentivos asociados a la política nacional de promoción de las renovables dejó un vacío que todavía no fue reemplazado por una herramienta equivalente.

“Ese es nuestro punto pendiente que tenemos a resolver hoy en día, porque ya vemos la voluntad del privado en invertir”, afirmó.

La situación se repite a nivel provincial. La legislación de Entre Ríos contempla incentivos, pero según Canteros todavía no fueron reglamentados ni están siendo aplicados.

Para la especialista, una combinación de crédito accesible e incentivos fiscales podría multiplicar el tamaño del mercado.

“Qué bueno sería que hubiera esos incentivos, tanto fiscales como una mejor oferta de acceso a financiación. Realmente haría explotar el mercado”, expresó.

La pregunta es cómo financiar ese salto en un contexto en el que la inversión energética argentina también compite por recursos con otros grandes proyectos.

¿Puede ser una oportunidad potencial en los ingresos y el dinamismo que genera el desarrollo de Vaca Muerta y las exportaciones de hidrocarburos? Todavía no existe una decisión concreta en esa dirección por parte del Gobierno de Javier Milei, menos de Horacio Marín presidente y CEO de YPF.

“Sería buenísimo que haya una política que impulse esto. Sería espectacular”, afirmó.

El desafío de fabricar en Argentina

La expansión del mercado renovable también abre una discusión sobre el origen de los equipos. En Argentina, gran parte de los componentes utilizados en las instalaciones fotovoltaicas siguen siendo importados.

Canteros conoce esa realidad desde la experiencia directa de su empresa, que participó en proyectos del Programa de Energías Renovables en Mercados Rurales (PERMER).

En esas instalaciones utilizaron inversores de fabricación nacional, mientras que las baterías fueron importadas debido a la falta de una oferta local suficiente. En cuanto a los paneles solares, la situación es todavía más compleja.

Los paneles actualmente son 100% importados”, afirmó. La escala tecnológica alcanzada por China en la fabricación de módulos fotovoltaicos vuelve casi imposible competir. “La tecnología que se desarrolló en China, particularmente para la producción de paneles, está muy avanzada”, sostuvo.

Para Canteros, producir paneles en Argentina implicaría enfrentar costos difíciles de compatibilizar con los valores de los equipos importados.

En el caso de los inversores existe alguna capacidad industrial local, aunque también enfrenta dificultades de competitividad.

La diferencia no es solamente de precio. La fabricación nacional ofrece una ventaja adicional en materia de soporte técnico y servicio posventa.

“La ventaja que tenés es que se producen acá, el taller está acá, cualquier inconveniente técnico que tengas lo llamás a los chicos y te lo solucionan ellos”, explicó.

Sin embargo, considera que desarrollar una industria nacional más amplia requeriría resolver primero los problemas de costos, impuestos y actualización tecnológica.

La apertura del mercado eléctrico mayorista

El otro gran cambio señalado por Canteros es regulatorio. La modificación introducida mediante la Resolución 400 de la Secretaría de Energía, abrió nuevas posibilidades para la comercialización de energía entre privados.

La posibilidad de que un generador venda energía directamente a grandes empresas introduce una nueva dimensión para las inversiones renovables.

GENNEIA hace un parque fotovoltaico y le puede vender paquetes de energía a distintas empresas”, ejemplificó.

El esquema no apunta solamente en sumar nuevos proyectos de generación. También permite que empresas que no cuentan con superficie suficiente, capital disponible o condiciones técnicas para instalar sus propios paneles puedan acceder igualmente a energía renovable mediante un contrato con otro generador.

“Si en nuestra empresa no disponemos del capital para hacer la inversión o del espacio porque nuestro techo no está preparado y no tengo espacio alrededor para poder poner paneles, puedo comprar esa energía a otro generador que puede estar remoto en otro lugar”, explicó.

Para Canteros, esta posibilidad es relevante porque conecta la transición energética con una demanda empresarial que puede crecer a medida que aumenten las exigencias ambientales y aparezcan nuevos mecanismos vinculados con las finanzas verdes.

En ese sentido, la transformación de la matriz eléctrica no depende únicamente de construir más parques solares y eólicos. También requiere crear mecanismos para que la energía renovable pueda ser contratada, financiada y utilizada por empresas que no necesariamente pueden convertirse en generadoras por sí mismas.

Baterías y almacenamiento, la próxima frontera

El desarrollo de sistemas BESS, basados en baterías para almacenar energía, aparece como una nueva etapa dentro de la transformación del sistema eléctrico.

Canteros vinculó ese proceso con los proyectos que comenzaron a impulsarse para utilizar almacenamiento como herramienta para cubrir cortes, responder ante picos de demanda y estabilizar las redes.

La lógica es diferente a la de una batería instalada únicamente para almacenar energía solar de una vivienda o una empresa. El almacenamiento a mayor escala puede convertirse en una herramienta de gestión del sistema eléctrico.

Vamos a tener inversión también en almacenamiento”, anticipó.

En Entre Ríos, la expectativa es que estos sistemas puedan incorporarse posteriormente a la estrategia de generación distribuida. En un esquema de múltiples puntos de generación y almacenamiento, la expansión podría realizarse de manera más gradual y localizada.

Ese modelo busca evitar uno de los riesgos que Canteros considera centrales para un sistema que acelera demasiado la incorporación de renovables sin resolver al mismo tiempo cómo transportar y utilizar esa energía.

La especialista menciona como referencia la experiencia de otros mercados que avanzaron más rápidamente en la incorporación de renovables.

“Nosotros ya estamos viendo esos modelos y con un poco más de previsión y programación podemos evitar caer ahí”, dijo.

Construir capacidad de generación sin contar con suficiente infraestructura para evacuar o transportar la electricidad puede convertir el aumento de la oferta en un problema de utilización del sistema.

Una transición que recién empieza

El caso de Entre Ríos muestra una de las transformaciones más significativas que atraviesa el mercado de energías renovables en Argentina. La transición ya no ocurre exclusivamente a través de grandes proyectos destinados a inyectar enormes volúmenes de energía al sistema, sino también mediante cientos de instalaciones pequeñas distribuidas entre industrias, comercios, viviendas y otros usuarios.

El salto de 3 a 542 usuarios generadores en menos de tres años convirtió a Entre Ríos en uno de los casos más visibles de esa transformación.

Para Canteros, el crecimiento resulta todavía más significativo porque se produjo sin un esquema amplio de financiamiento y con incentivos que, en buena medida, todavía permanecen pendientes de reglamentación.

La expansión del mercado dependerá, en los próximos años, de la capacidad de combinar generación distribuida, nuevas inversiones solares, almacenamiento, redes más preparadas, financiamiento e instrumentos regulatorios.

El interés empresarial y residencial está creciendo y los usuarios que ya realizaron inversiones observan el ahorro generado.

Es clave convertir ese interés en capacidad efectiva de inversión y, al mismo tiempo, evitar que el crecimiento de la generación avance más rápido que la infraestructura necesaria para aprovecharla.

“Tengo la sospecha de que vamos bien, de que aún con muchas cosas en contra, el crecimiento se ve. Imaginate si tuviéramos puntos a favor”, concluye Canteros.

Fuente: Gabriel Ríos Malan para Ser Industria

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